Sindrome vaca repetidora
RESUMEN
En
este artículo se analiza las causas, efectos y posibles soluciones de las
repeticiones de servicios de inseminación en las vacas. Las causas de repetición
se agrupan en fallas en la ovulación, en la fecundación y mortalidad
embrionaria. Se estima que las pérdidas por no fecundación son menores, así
como también las muertes embrionarias por fallas en la fecundación por
problemas cromosómicos. La mayor incidencia de mortalidad embrionaria ocurre
entre los 8 y 18 días post inseminación, período crítico en el
establecimiento de la relación embrio-materna por lo que esto se discute más
detalladamente. Se hace énfasis en la etiopatogenia de la mortalidad
embrionaria como base del control y eventuales tratamientos.
1.
INTRODUCCIÓN.
Se
considera una vaca repetidora a aquella vaca que luego de 3 ó 4 servicios no
queda preñada, y que al examen clínico reproductivo se encuentra morfofisiológicamente
normal, con ovarios que demuestran ciclicidad, con ciclos estrales regulares y
con un útero sano. Es difícil dar una prevalencia poblacional del problema, más
bien es posible dar índices de casos y hacer un análisis de lo que puede
considerarse un valor aceptable de la condición de vaca repetidora que
correspondería en forma aproximada al grupo de animales infértiles o subfértiles
del rebaño. Al considerar un 60% de preñez en cada servicio de inseminación
en un rebaño sano, luego del tercer servicio el 94% del rebaño estaría preñado,
el porcentaje de vaca repetidora sería un 6%. La literatura reporta valores de 10,2 a 18,0 % en diferentes países
(Pereira y Linares, 1986). En la práctica veterinaria es posible observar que
estos valores son muy variables y que en determinadas ocasiones pueden ser
excedidos. Las causas de que una vaca repita servicios sin encontrar al examen
clínico una patología evidente se describen a continuación.
2.
FALLAS EN LA OVULACION.
2.1.
ANOVULACION.
Si
bien esta condición puede no entrar en la definición de vaca repetidora por
presentar la anovulación una caracterización clínica, la falta de cuerpo lúteo,
es conveniente mencionarla por su posible participación en el síndrome. La
anovulación se presenta por una deficiencia en la descarga ovulatoria de
Hormona Luteinizante (LH), lo que en la mayoría de los casos lleva a una
formación de quistes ováricos (condición clínica evidente que escapa a esta
conferencia). Sin embargo, Tanabe y Almquist (1953) han reportado un 3% de
anovulación y posterior atresia folicular en vacas repetidoras. Al existir
atresia y no haber cuerpo lúteo
las vacas que sufren esta condición debieran llegar a tener un folículo
ovulatorio, y eventualmente un celo, en un período semejante al largo de una
onda folicular, el que se puede estimar de acuerdo a los trabajos de Savio y col
(1988), en 7 u 8 días. De esta manera la vaca presentará ciclos cortos y no se
encontrará cuerpo lúteo al examen clínico reproductivo.
2.2.
OVULACION RETARDADA.
Normalmente
la ovulación ocurre en la vaca a las 10 a 12 horas de terminado el estro, sin
embargo esta situación puede sufrir un atraso y la vaca ovulará 24 horas más
tarde. La formación del cuerpo lúteo se retrasará en un día, lo que no
afectará el largo del ciclo normal. Como causa de esta condición se mencionan
deficiencias en Beta caroteno y manganeso (Gerloff y Morrow, 1989). En experiencias personales en el sur de Chile determinamos ovulación
retardada por tacto rectal en las vacas en celo e inseminadas, al saber que una
causa de esta condición podía ser una deficiencia de manganeso se determinó
este mineral en sangre el que estaba en valores subnormales. Las vacas fueron
tratadas con una solución de manganeso por vía subcutánea con lo que tuvieron
servicios por preñez iguales a las vacas que no presentaban la patología,
asociado a esto el predio tenía 3 condiciones reportadas en la deficiencia de manganeso: 1) sobreencalamiento para
aumentar el pH del suelo, 2) ingesta de tierra por las vacas problema, 3)
terneros al nacimiento con los miembros anteriores encorvados.
La
ovulación retardada puede ser causa de falla en la fecundación por una
asincronía en la viabilidad de los gametos ya que al momento de la ovulación
no habrá espermatozoides vivos y no habrá concepción, por otra parte, si
hubiese fecundación el envejecimiento de los espermatozoides puede condicionar
una falla cromosómica en la fecundación y mortalidad de ese embrión, con lo
que ocurrirá el mismo efecto, no preñez y repetición de servicio.
Gustafsson
y col (1986), encontraron que había un retraso en el alza ovulatoria de LH
(hormona luteinizante) en relación al inicio del estro, y consecuentemente en
la ovulación, en vacas repetidoras. Si hay atraso en la liberación de LH y en
la ovulación, la inyección de la hormona liberadora de gonadotrofinas (GnRH)
podría solucionar el problema. Varios trabajos han informado de un aumento en
las tasas de preñez al inyectar GnRH al momento de la Inseminación Artificial
(IA) (Schels y Mostafawi, 1978; Moller y Fielen, 1981; Lee y col, 1983; Nakao y
col, 1983; Stevenson y col, 1984). Aunque los mayores efectos de la inyección
de esta hormona al momento de la IA han sido observados en vacas al segundo y
posteriores servicios, o sea en vacas repetidoras. (Lee y col, 1983; Stevenson y
col, 1984; Phatak y col, 1986; Stevenson y col, 1988).
Un
grupo de franceses (Humblot y Thibier, 1981; Thibier y col, 1985; Thibier, 1988)
especulan que el uso de GnRH en vacas repetidoras en la mitad del ciclo previo a
la IA puede aumentar los índices de concepción promoviendo el desarrollo y
maduración de un complejo folículo-ovocito más vigoroso, como consecuencia de
mejores niveles de gonadotrofinas. Esto indicaría que una causa de vaca
repetidora sería un ovocito de mala calidad.
3. FALLAS EN LA FECUNDACION
3.1.
ASINCRONIA ENTRE OVULACIÓN E INSEMINACION ARTIFICIAL.
Como
fue mencionado anteriormente la ovulación retardada puede ser causa de
infertilidad por no haber coexistencia viable entre los espermatozoides y el óvulo.
También existen otras situaciones en las cuales puede haber asincronía en la
viabilidad de los gametos y consecuentemente que no haya fecundación.
3.1.1. MALA DETECCION DE CELOS.
Si
la ovulación está asociada al celo, evidentemente que la inseminación en un
celo que no es tal, por una mala detección, llevará a una inseminación
perdida. Generalmente asumimos que el personal detecta bien los celos, sin
embargo según un trabajo de tesis realizado en nuestro Instituto, el personal
que detectaba celos sólo conocía el 40% de sus signos (Anjarí, 1990).
3.1.2.
MOMENTO INADECUADO DE LA INSEMINACION ARTIFICIAL.
Dado
que la ovulación ocurre después de terminado el celo y que los espermatozoides
tienen una vida limitada de aproximadamente 24 horas, habrá más y mejores
espermatozoides mientras más cerca de la ovulación se insemine, considerando
un tiempo previo necesario para la capacitación espermática. Por estos motivos
la inseminación hacia el fin del celo, entre 12 a 8 horas antes de la ovulación
lleva a los mejores índices de fecundación. Por otra parte los mejores
resultados de preñez se encontraron en las vacas inseminadas entre la 5 y 8
horas de detectado el celo, situación bastante práctica ya que es difícil inseminar al fin del celo si no se sabe cuando éste
comenzó.
3.2.
DEFICIENCIAS EN LA INSEMINACION
ARTIFICIAL.
La
técnica de inseminación artificial requiere de habilidad, precisión e higiene
en todos sus pasos.
3.2.1.
DESCONGELACIÓN DEL SEMEN.
La
descongelación de semen es un paso crucial, dado que éste es un momento crítico
para los espermatozoides. El semen puede ser descongelado a muy variadas
temperaturas, desde 0 grado centígrado en hielo fundente por varios minutos,
hasta en agua hirviendo por 2 a 3 segundos (Melrose, 1962). El tiempo y la
temperatura dependerán de la relación área volumen del envase de semen y de
los diluyentes y crioprotectores usados, por estos motivos es importante seguir
las instrucciones de cada centro que envasa semen y no aplicar el mismo criterio
a todos los envases.
3.2.2.
MAL DEPÓSITO DEL SEMEN.
El
toro deposita el semen en el fondo vaginal, el que lleva alrededor de
6.000.000.000 de espermatozoides, sin embargo la dosis de semen puede llevar
entre 20 a 30 millones de espermatozoides, lo que hace necesario que sea
depositada en el útero y no en la vagina. Para que el semen sea depositado en
el útero se requiere de una habilidad en el inseminador, cuyas fallas llevan a
una baja en la fertilidad.
3.2.3.
MALA CALIDAD DE SEMEN.
El
semen es un producto biológico constituido por una parte líquida (plasma) y
una parte celular (espermatozoides). Como todo producto biológico puede tener
alteraciones en su calidad. Las deficiencias pueden estar en su concentración
espermática, motilidad y/o anormalidades morfológicas. El semen envasado debe
provenir exclusivamente de eyaculados de óptima calidad, tanto en número como
en calidad de los espermatozoides. La dosis de semen es producto del
fraccionamiento del eyaculado con diluyentes y crioprotectores adecuados, una
vez diluido cada dosis lleva, en el caso del Centro de Inseminación Artificial
(CIA) de la Universidad Austral de Chile, una cantidad mínima de 30.000.000 de
espermatozoides totales de los cuales al menos el 50% de ellos deben estar vivos
cuando se descongela, o sea no se insemina con menos de 15.000.000 de
espermatozoides con poder fecundante. Existen otros centros de inseminación que
distribuyen semen con 20.000.000 de espermatozoides totales ya que ellos
sostienen que con 10.000.000 de espermatozoides vivos es suficiente para lograr
fecundación. Actualmente el semen es un producto industrial, producido por
diferentes empresas, entre las cuales hay algunas buenas y otras que producen un
producto de calidad mediocre. En un estudio de fertilidad realizado en Estados
Unidos en un grupo de toros se pudo observar que hay grandes diferencias en su
fertilidad, así el índice de preñez al primer servicio de 6 grupos de toros
fue entre 52,1% y 57,4%, los valores entre los toros de cada grupo variaron
entre 17,6% y 25,7% (Clay y col, 1986). En 10 predios de la provincia de
Valdivia, Chile, hicimos un estudio sobre la fertilidad real de los toros del
CIA confirmando cada servicio fértil con la observación del ternero al parto,
el porcentaje de terneros nacidos al primer servicio en los 8 toros estudiados
varió entre 52% y 82% (Jarpa, 1979). En consecuencia, frente a la gran gama de
ofertas de semen, el exigir semen
de toros de fertilidad óptima se hace imprescindible.
4.
MEDIO AMBIENTE ALTERADO.
A
pesar de existir gametos viables y sanos puede ser posible que no ocurra
fecundación. Una de la causas puede ser que haya cambios en el medio ambiente
del oviducto que es el lugar de la fecundación o en el útero donde se
depositan y transportan los espermatozoides hacia el oviducto (Fischer y Beier,
1986). Los cambios en el medio ambiente del oviducto y/o útero pueden deberse a
alteraciones hormonales que estimulan las secreciones y funcionamiento de
estos órganos, antagonismo adrenalina-oxitocina en el transporte de
espermatozoides, incoordinación del efecto estradiol-progesterona y
prostaglandinas E1 y E2 en la función del oviducto (Hafez, 1987), o a
infecciones que pueden cambiar la acidez de las secreciones y destruir los
gametos. Una metritis subclínica puede ser una causa de mortalidad espermática,
así como una salpingitis puede alterar la viabilidad de los gametos o quizás
impedir la fecundación .
Sreenan
y Diskin (1986), en una recopilación de trabajos en vacas encontraron 122
embriones sobre un total de 136 ovocitos
(90%), y en vaquillas 402 embriones sobre un total 459 ovocitos (88%). En
consecuencia las fallas en fecundación fueron de 10 y 12% respectivamente.
5.
MORTALIDAD EMBRIONARIA.
Habiendo
ocurrido la fecundación y habiéndose formado el embrión, existe la
posibilidad que éste no sobreviva, esto es lo que se conoce como mortalidad
embrionaria. Esta situación es mucho más frecuente de lo que se cree, y puede
ser la principal causa de la no preñez de las vacas. Si el embrión muere
tempranamente, dentro de los 15 primeros días de vida, el largo del ciclo no se
alterará y la vaca volverá en celo dentro de un lapso normal, alrededor de los 21 días, si el embrión muere después de haber
informado al ovario de su presencia, el ciclo podrá alargarse obviamente en
relación al día en que se produce la mortalidad embrionaria.
La
mortalidad embrionaria es la causa de la mayor parte de las fallas reproductivas
en todas las especies, y en el bovino hasta el 40% de los embriones puede morir
(Diskin y Sreenan, 1986). Estudios basados en la recuperación de embriones y
fetos en diversos momentos después de la IA indican que la muerte embrionaria
temprana entre los días 8 y 18 posteriores a la IA ocurre es el 75 y 80% del
total de las pérdidas embrionarias y fetales (Diskin y Sreenan, 1980; Roche y
col, 1981). Al ocurrir la mayoría de las pérdidas antes del día 18 la
secuencia normal de regresión del cuerpo lúteo no se afecta y un nuevo estro y
ovulación ocurren con un intervalo de 18 a 25 días. Esto da una nueva
posibilidad de IA y lograr una preñez pero ocasiona enormes pérdidas en la
producción.
5.1.
MOMENTO E INCIDENCIA DE LA MORTALIDAD EMBRIONARIA
Sreenan y
Diskin (1986) resumieron 9 experimentos de la literatura que involucraron vacas
y vaquillas, con un total de 468 ova de los cuales había 408 fecundados (87%),
estableciendo la sobrevivencia embrionaria a diferentes períodos después de la
IA, cuyos resultados se muestran en la tabla 1.
Tabla
1. Sobrevivencia embrionaria en días
posteriores a la IA.
|
|
días
posteriores a la IA |
||||||
|
|
fecundación |
2
– 5 |
8
- 10 |
11
- 13 |
14
– 16 |
17
– 19 |
25
- 42 |
|
Fecundados/totales |
408/468 |
274/321 |
95/116 |
52/70 |
173/238 |
59/99 |
172/255 |
|
%
preñez |
87% |
85% |
82% |
74% |
73% |
60% |
67% |
|
%
vivos/fecundados. |
100% |
98% |
94% |
85% |
84% |
69% |
78% |
De
esta recopilación se desprende que la mortalidad embrionaria ocurre en un bajo
porcentaje (6%) hasta el día 10 posterior a la IA, luego la mortalidad aumenta
en un 10% aproximadamente hasta el día 16, para aumentar aún más hasta el día
19 (15%). De acuerdo a esto un 31% de todos los ovocitos fecundados no
sobrevivirá al desarrollo embrionario al día 19 del ciclo. Este 31% de
mortalidad embrionaria ha sido observado en hembras normales y se ha reportado
que la mortalidad es aún mayor en vacas repetidoras (Tanabe y Casida, 1949).
Linares (1982) reportó que sólo el 28% de los embriones recuperados de vacas
repetidoras en el día 7 posterior a la IA aparecían como cromosómicamente
normales, por lo que el destino del 72% restante es probablemente la muerte.
5.2.
CAUSAS DE MORTALIDAD EMBRIONARIA
5.2.1.
ÓVULOS Y/O ESPERMATOZOIDES ENVEJECIDOS.
Como
consecuencia de una inseminación
muy temprana o de una ovulación muy tardía puede ser posible que exista
fecundación con gametos envejecidos, produciéndose fallas cromosómicas que
hacen que el embrión no sea viable (O’Farrel y col, 1983). Inseminaciones
tardías disminuyen la tasa de concepción debido a mortalidad embrionaria
(Ayalon, 1978). La inducción experimental de atraso en la ovulación en ratas
fue asociada a una alta incidencia de
anormalidades embrionarias (Butcher y col, 1969). La asincronía entre la
inseminación y la ovulación puede contribuir a una elevada incidencia de
mortalidad embrionaria o de fallas en la fecundación como fue mencionado
anteriormente.
5.2.2.
FALLAS CROMOSÓMICAS.
La
mortalidad embrionaria hasta el día 10 posterior a la IA es de alrededor de 6%
(Sreenan y Diskin, 1986) como se observa en los datos presentados anteriormente.
De acuerdo a King (1990) en un
estudio sobre 683 embriones bovinos las anormalidades cromosómicas fueron
comunes en los embriones recuperados hasta el día 7 (13,3%), en oposición a sólo
un 1,3% de anormalidades encontradas en los embriones recuperados después de
los 12 días. De lo anterior se deduce que la mortalidad embrionaria por fallas
cromosómicas sería dentro de los 10 primeros días posteriores a la IA y en
bajo porcentaje en relación a la muerte embrionaria total.
Las
anormalidades cromosómicas pueden ser clasificadas como haploidía, poliploidía
y aneuploidía. El bovino tiene 60 cromosomas, un complemento de 30 cromosomas
es aportado por cada padre. Haploidia es el defecto en el cual las células
embrionarias tienen sólo un complemento de 30 cromosomas. En la poliploidía
las células del embrión tienen tres o más complementos de cromosomas.
Aneuploidía es el defecto en el cual hay un inapropiado número de uno o varios
cromosomas. King (1990) determinó en 49 embriones con defectos cromosómicos un
74% de haploidia o poliploidia y sólo un 26% de aneuploidía. Además de las
anormalidades cromosómicas los embriones pueden ser portadores de genes letales
recesivos, mutaciones letales y genotipos maternos y paternos incompatibles
(Silvia, 1994).
5.2.3.
FALLAS EN AMBIENTE MATERNO
Para
que el embrión que llega al útero se anide y desarrolle es necesario que
exista una adecuada secreción de progesterona por parte del cuerpo lúteo,
niveles bajos de progesterona llevarán a que el útero sea incapaz de mantener
la gestación y el embrión morirá. Remsen et al (1982) determinaron que los
embriones tranferidos a vaquillas receptoras con menos de 2 ng/ml de
progesterona sobreviven en un 20%, mientras que los transferidos a vaquillas con
progesterona plasmática entre 2 y 5 ng/ml sobrevivieron en un 74%. Las vacas
repetidoras son malas receptoras de embriones (Almeida y col, 1984; Gustafsson y
Larson, 1983; Gustafsson y Larson, 1985). La progesterona suprime las
contracciones uterinas y estimula la secreción de substancias que son
necesarias para el desarrollo del embrión (Fischer y Beier 1986). Ayalon (1978)
reporta la composición de secreciones endometriales de vacas normales y
repetidoras, confirmando lo reportado por otros autores. Además encontró
diferencias en las concentraciones de iones, sustratos energéticos y proteinas
entre estos grupos y diferencias marcadas en el contenido iónico entre vacas
con embriones normales y anormales.
De
acuerdo a lo anterior es posible pensar en que la administración de
progesterona en vacas inseminadas aumentaría los índices de concepción.
En algunos experimentos la suplementación de progesterona ha
demostrado ser beneficiosa (Johnson et al, 1958; Kunkel et al, 1977; Diskin y
Sreenan, 1986; Robinson et al, 1989) pero en otros no ha habido diferencias
entre grupos tratados y controles. Silvia
(1994) sostiene que las diferencias en dosis, modo de administración, raza y
condiciones de manejo contribuyen a las diferencias en las respuestas al
tratamiento con progesterona y que éste aparece como efectivo cuando se administra a vacas con
baja fertilidad y que el efecto benéfico es inaparente cuando los grupos
controles tienen alta fertilidad.
Por
otra parte no sólo es necesario un nivel adecuado de progesterona circulante,
sino también una adecuada condición uterina. Se ha determinado que vaquillas
repetidoras, receptoras de embriones, tenían al día 15 menor cantidad de
receptores específicos a la progesterona endógena. De acuerdo a esto la
mortalidad embrionaria podría estar causada en algunos casos por respuesta
uterina insuficiente a niveles normales de progesterona (Stanchev y col, 1991).
También ha sido planteado que las vacas repetidoras pueden necesitar
mayores niveles de progesterona que las vacas normales. Hawk y col, (1963), no
lograron mantener la preñez en vacas ovariectomizadas al administrar
progesterona en niveles suficientes para mantener preñez en vacas normales.
Esto puede explicar porque Almeida y col (1987), encontraron más receptores a
progesterona en el tejido endometrial en vacas repetidoras que en vacas
normales, al contrario de lo planteado por Stanchev y col (1991). En
consecuencia, el útero de una vaca puede no mantener la preñez por una baja
respuesta a niveles de progesterona normales o, su respuesta para ser normal
necesita de mayores niveles de progesterona.
La
progesterona puede ser aumentada en la vaca en base a inyecciones de hormonas
estimuladoras de la función luteal, Alanko et al (1992) indican que la hormona
liberadora de gonadotrofinas (GnRH) y la gonadotrofina coriónica humana (HCG)
aumentan significativamente la producción de progesterona por el cuerpo lúteo,
pero mientras la HCG eleva la producción de progesterona inmediatamente, el
GnRH primero inhibe la producción y luego la aumenta. Estos autores sugieren
que la ovulación de un folículo dominante puede ser responsable del aumento de
la producción de progestrona. En nuestro instituto, con el propósito de
inducir la ovulación del folículo dominante en el día 7 del ciclo, se
inyectaron 8 vacas con 1000 UI de HCG y 8 vacas con 20 mcg de un análogo de
GnRH (Conceptal). A los 3 días los animales fueron sacrificados y en los 8
animales tratados con HCG se encontró un cuerpo lúteo accesorio, en tanto
7 de los 8 animales tratados con GnRH también presentaron un
cuerpo lúteo accesorio (Resano y col, 1993). Diskin y Sreenan (1986), luego de
un análisis de la literatura concluyen que la inyección de progesterona
aumenta la sobrevivencia embrionaria en vacas normales y repetidoras y que la
administración de HCG durante la fase luteal aumenta el número de cuerpos lúteos
y los niveles de progesterona circulantes pero no la sobrevivencia embrionaria.
Trabajos posteriores, inyectando GnRH en la mitad del ciclo reportan un aumento
de las tasa de concepción.
En un trabajo realizado en nuestro instituto se estudió el
efecto de la inducción de la ovulación en diestro sobre la fertilidad (Rendel,
1997). Ciento cincuenta vacas de lechería fueron distribuidas en 3 grupos de 50
vacas cada uno, dejando en cada grupo una vaca con fecha homóloga de parto. Las
vacas fueron inseminadas al primer celo después de 60 días post parto. El
grupo 1 fue tratado con 20 mcg de buserelina IM inmediatamente después de la
IA, el grupo 2 fue tratado el día 7 posterior a la IA (1 vaca fue eliminada
n=49) y el grupo 3 fue dejado como control sin tratamiento. El día 7 y 15 post
IA se tomaron muestras de leche para determinación de progesterona (P4) por
Radioinmunoanálisis. El día 15 las vacas del grupo 2 fueron sometidas a un
examen clínico reproductivo para determinar la presencia de segunda ovulación.
Los resultados de preñez se muestran en la tabla
Tabla 2. Preñez
obtenida en vacas tratadas con buserelina (GnRH) al momento de la IA, o al 7º día
post IA y en controles no tratadas.
|
Grupo |
N |
Nº
vacas preñadas (%) |
%
variación sobre grupo control |
|
1 GnRH a la IA |
50 |
26
(52,0) |
13,0 |
|
2 GnRH 7º día post IA |
49 |
27
(55,1) |
19,8 |
|
3 Control |
50 |
23
(46,0) |
0 |
|
Total |
149 |
76
(51,0) |
10,9 |
La diferencia en la preñez obtenida en el grupo 1 sobre el
grupo control si bien no es estadísticamente significativa (P>0,05) es
semejante a la reportada por otros autores como Nakao y col (1983) y Ryan y col
(1991), quienes presentan significativos porcentajes de variación de 15% sobre
sus grupos controles. Ellos obtuvieron diferencias significativas probablemente
porque trabajaron con un número mayor de animales.
En 37 de las 49 vacas
tratadas con GnRH (78,7%) hubo un segundo cuerpo lúteo, las otras 10 vacas no
presentaron nueva ovulación y 2 vacas no fueron examinadas. La preñez obtenida
en estos animales se muestra en la tabla 2.
Tabla 2. Gestación
en vacas tratadas con GnRH el día 7 post IA con y sin presencia de segundo
cuerpo lúteo.
|
Cl
inducido |
Vacas
tratadas (%) |
vacas
gestantes (%) |
|
Presente |
37
|
24
(64,9) * |
|
Ausente |
10 |
2
(20,0) |
|
Total |
47 |
26
(55,3) |
* P = 0,0113
La respuesta a GnRH con ovulación inducida de un 78,7% fue
levemente inferior a la lograda por Resano y col (1993), quien obtuvo un 87,5%. La preñez lograda en las vacas que presentaron un
segundo CL frente a las que no lo hicieron fue significativamente mayor (P =
0,0113), probablemente debido a mayores niveles de progesterona, lo que ha sido
demostrado por Alanko y col (1992). Los niveles de progesterona (18,3 nmol/L) en
el día 15 del ciclo estral fueron superiores en las vacas tratadas con GnRH en
el día 7 (Grupo 2) a aquellos de las vacas del Grupo 1 (16,3 nmol/L) y del
Grupo Control (16,6 nmol/L), sin embargo esta diferencia no alcanzó a ser
significativa pero es probable que esta diferencia sea significativa si sólo se
considerara los niveles de progesterona de aquellos animales preñados con
cuerpos luteos inducidos.
Las
variaciones en el balance endocrino, en el caso comentado de progesterona, o de
sus factores estimuladores LH o GnRH, pueden
tener un origen ambiental o genético. Lagerlöf (1948) en el Primer Congreso de
Fisiología y Patología de la Reproducción Animal e IA, planteó el concepto
de constitución hormonal débil de carácter hereditario en los bovinos y
criticó los tratamientos hormonales no meditados a los disturbios
reproductivos. Kirk et al (1982) reportaron que los reproductores hijos de vacas
con quistes ováricos tenían más hijas con esta patología que los toros cuyas
madres eran normales. En otro estudio Seguin (1980), sugiere el carácter
hereditario de los quistes ováricos basado en que las vacas con quistes
generaron un 26,8% de hijas quísticas en tanto que las hijas de vacas sin
quistes ováricos sólo presentaron quistes en un 9,2%. La deficiencia de LH que
origina los quistes ováricos (Roberts, 1986) indica una debilidad hormonal que bien pudiera asociarse a una baja de
progesterona que sea causa de mortalidad embrionaria. Considerando esto los
tratamientos hormonales para reducir la mortalidad embrionaria deben ser
cuidadosamente analizados en sus consecuencias.
5.2.4.
FALLAS EN EL RECONOCIMIENTO EMBRIO-MATERNO
En
la vaca no preñada el útero produce prostaglandina F2alfa (PG) alrededor de
los días 16-18 (Nacarrow y col, 1973; Peterson y col, 1975; Kindahl y col,
1976), la que induce la regresión del cuerpo lúteo. El mecanismo propuesto
indica que la producción de estradiol 17 beta por parte del folículo dominante
estimula la formación de receptores a oxitocina en el endometrio, la oxitocina
induce en las células endometriales la formación de PG, la que causará la
luteolisis (Mc Cracken y col, 1984). En la vaca preñada el embrión secreta una
proteina específica, el interferon - gamma (se simboliza con la letra griega
gamma), inicialmente llamada proteina trofoblástica bovina - 1 (Bartol y col,
1985; Imakawa y col, 1989), la que
bloquea la producción de PG por parte del endometrio (Helmer y col, 1989;
Plante y col, 1989, 1991; Danet-Desnoyers y col, 1994), con lo que se evita la
regresión del cuerpo lúteo y la vuelta a la ciclicidad.
De
acuerdo a lo anterior una alteración en el mecanismo que evita finalmente la
regresión del cuerpo lúteo y mantiene la preñez puede llevar a que el
mecanismo luteolítico se haga efectivo y ocurra una mortalidad embrionaria.
Por una lado la parte materna puede no reconocer la señal embrionaria, y
por otra el embrión puede no producir esta señal. La información existente en
la literatura en el ovino indica que se ha logrado aumentar la tasa de preñez
inyectando un interferon-alfa (Nephew y col, 1990; Schalue-Francis y col, 1991;
Martinod y col, 1991). Sin embargo no se ha encontrado un efecto similar en el
bovino al inyectar interferon-alfa (Barros y col, 1992). Los corderos nacidos de
las ovejas tratadas con interferon fueron normales en su peso al nacimiento y en
sus tasas de crecimiento, por lo que los embriones eran normales sólo que su
mecanismo de reconocimiento materno estaba alterado. Se ha trabajado en la síntesis
del interferon-gamma del bovino, con el cual se podría lograr potenciar la
relación embrio-materna y evitar en cierto grado la mortalidad embrionaria.
Por
otra parte Mann y Lamming (1992) han planteado que el uso de GnRH entre los días
11-13 de la fase luteal reduce la secreción de estradiol por parte del ovario
lo que ayudaría en el bloqueo a la luteolisis. La reducción de estradiol por
parte del ovario se debería a que el GnRH en el día 12 reduce el número de
folículos grandes, y además luteiniza e induce atresia en el folículo
dominante (Ryan y col, 1994). Esta sería una manera de potenciar el mecanismo
de reconocimiento embrio-materno, además de que GnRH induce un aumento en la
secreción de progesterona por el cuerpo lúteo (Kittock y col,1973; Mcmillan y
col, 1985) y aumenta el largo del ciclo estral (Macmillan et al, 1985). Así la
respuesta luteotrófica a la inyección de GnRH ha sido propuesta para mejorar
el reconocimiento materno del embrión previo al inicio de la luteolisis (Mcmillan
y col, 1986).
5.2.5.
EFECTO MACHO.
Luego
de la fecundación el gameto masculino tiene un rol en el posterior desarrollo
del embrión, y para cumplirlo el espermatozoide debe estar en condiciones
adecuadas de maduración. Así, ha sido observado que ovejas inseminadas con
espermatozoides del cuerpo del epidídimo presentan menos ovocitos fecundados
que ovejas inseminadas con espermatozoides de la cola del epidídimo o del
eyaculado (30 vs 85%), algunos embriones provenientes de espermatozoides
inmaduros son capaces de lograr una primera división celular pero ninguno de
llegar a estado de 4 células (Fournier-Delpech y col, 1981). Por otra parte, ha
sido posible obtener preñez en ovejas inseminadas con espermatozoides de la
cola del epidídimo pero ninguna de ellas ha parido (Fournier-Delpech y col
1979). Esto indica experimentalmente que existe un efecto negativo específico
del gameto masculino en la mortalidad embrionaria en los ovinos. Situación que
podría ser extrapolable al bovino.
En
el bovino se ha determinado que existen toros con buena fertilidad y toros con
baja fertilidad (Kidder y col, 1954; Ayalon, 1984), los primeros fallan
principalmente en la fecundación, mientras los de baja fertilidad fallan por
mala fecundación y mortalidad embrionaria. Lo anterior está basado en que
Courot y Tourneur (1976), han observado que a mayor índice de fecundación
menor mortalidad embrionaria. Esto está apoyado también porque toros con alto
no-retorno a los 29 días tienen escasa diferencia con el no-retorno a los 180 días,
sin embargo en los toros con baja fertilidad la situación es inversa (Erb y
Flerchinger, 1954).
Riha
(1994) ha evaluado los resultados de superovulación y recuperación de
embriones en 611 vacas inseminadas con el semen de 50 toros y ha encontrado que existen diferencias significativas entre los
toros en el porcentaje de embriones transferibles. En nuestro Instituto hemos
observado que existen diferencias entre toros y entre eyaculados del mismo toro
en su poder fecundante evaluados a través ovocitos fecundados in vitro
(Mercado, 1996).
A
través de la IA la calidad del semen del toro ha pasado a tener una mayor
relevancia y se ha observado que existe influencia en la mortalidad embrionaria,
pero lo que es difícil determinar si ese efecto se debe a una mala calidad del
eyaculado y su procesamiento o a un factor genético del macho (Courot y Colas,
1986). En cualquiera de ambos casos es imprescindible una cuidadosa evaluación
de
la
fertilidad de los toros que se usan en IA.
5.2.6.
INFECCIONES DEL TRACTO REPRODUCTIVO.
El
ambiente uterino puede estar afectado por infecciones, las que pueden ser específicas
o inespecíficas. Las segundas son las metritis posparto, las primeras son los
agentes microbianos específicos entre los cuales es posible encontrar
Trichomoniasis, Campylobacteriosis y Diarrea viral. Las dos primeras se encuentran en retroceso dado que
por ser venéreas la inseminación artificial ha podido controlarlas. La Diarrea viral por ser de contagio no venéreo
sino por simple contacto con el agente desde animales portadores no es posible eliminarla con la IA. Por ser estas patologías clínicamente
identificables y de primera posibilidad de diagnóstico en un problema
reproductivo escapan al motivo de esta conferencia sobre vaca repetidora. Sin
embargo debe tenerse en cuenta que los centros productores de semen deben ser
controlados por un organismo oficial que certifique la calidad sanitaria del
semen producido. Existe venta de semen sin control sanitario, semen que no debe
comprarse ya que puede ser un posible diseminador de enfermedades, no sólo
reproductivas. Lundgren (1952), informa que en un estudio de fertilidad de toros
de inseminación artificial fue
posible determinar que la baja fertilidad del semen de algunos reproductores se
debía a una infección con Campilobacter fetus, estos toros había tenido
previamente servicio natural. En un brote de aborto en el sur de Chile (Berrios
y col, 1985) se aisló el virus de la Rinotraqueitis infecciosa bovina y los
autores discuten sobre la posibilidad de introducción del virus a través del
semen.
5.2.7.
EFECTO NUTRICION
Los
efectos de las deficiencias de la nutrición en la reproducción han sido
claramente establecidos, tanto por desbalances cuantitativos como cualitativos
de la dieta (Latrille, 1993, revisión). Los efectos más evidentes en la
fertilidad se observan en que vacas con estatus energéticos plasmáticos
subnormales (evaluados en beta-hidroxibutirato y glucosa) necesitan más
servicios por preñez y tienen menor eficiencia al primer servicio que vacas
normales (Whitaker y col, 1993). Sin embargo las razones de por qué la
fertilidad baja han sido menos estudiadas. Ha sido determinado que los niveles
de progesterona son menores en vacas subalimentadas que en vacas con alimentación
balanceada (Hill, 1970; Ayalon, 1978; Pereyra y Linares, 1986). Esta menor
producción de progesterona puede ser primaria, por parte del cuerpo lúteo o
secundaria a través de niveles bajos de gonadotrofinas. Whitaker y col, (1993),
encontraron que la respuesta de la liberación de LH a
inyecciones de GnRH es menor en vacas subalimentadas que en vacas con dietas de
acuerdo a sus requerimientos. La falta de energía sería entonces la principal
causa de los problemas de fertilidad. La proteina no parece ser importante, e
incluso un exceso puede ser negativo. Carroll, y col, (1988), indican que al
subir la proteína cruda en la ración de 13 a 20% los servicios por preñez
tienden a aumentar y la preñez al primer servicio a bajar. Similares efectos
encontraron Canfield y col, (1990). Ferguson y Chalupa (1989), postulan que un
aporte excesivo de proteína en la dieta puede afectar la reproducción ya que productos del metabolismo del nitrógeno en el rumen (amoníaco,
urea) podrían afectar, una vez absorbidos, la sobrevivencia de gametos y
embriones.
Las
deficiencias de algunos minerales han sido mencionadas como causa de mortalidad
embrionaria (Cobre, Molibdeno, Selenio), evaluadas de manera general como fallas
en la fertilidad más que en trabajos específicos (Latrille, 1993, revisión).
Las intoxicaciones con pesticidas y desinfectantes en el alimento pueden ser
causa de mortalidad embrionaria.
6.
CONCLUSION.
De
lo anterior es posible resumir que con vacas sanas y bien alimentadas y con el
uso de semen sano aplicado correctamente es posible obtener un buen porcentaje
de preñez en un rebaño, con las bajas en fertilidad debidas a fallas en la
fecundación y mortalidad embrionarias consideradas como normales, y dentro del
primer paso de la selección natural que elimina los individuos de mala calidad.
Así se podrá lograr índices reproductivos considerados como normales, como
son al menos un 65% de preñez al primer servicio de IA, y menos de 1,5 servicio
por preñez. Frente a un alteración
en los índices de fertilidad debe realizarse un examen completo del rebaño por
un veterinario calificado, quien deberá determinar la causa y así podrá dar las soluciones. Puede ser posible disminuir la
mortalidad embrionaria con el tratamiento de vacas en el período crítico de
reconocimiento embrio-materno, pero estos tratamientos deben ser cuidadosos y
teniendo presente solucionar la verdadera causa del problema, principalmente si
ésta es genética.
7.
SUMMARY.
In
this article the causes, effects and some solutions to repeat breeder cows are discussed. The causes of repeat breeders are
classified as ovulation failures, fertilisation failures and embryo mortality.
The etiopathogenia of embryo mortality is emphasised as a basis of control and
eventual treatments. The looses in fertilisation and the embryonic deaths by
chromosomal problems are considered as minors. The higher incidence of embryo
mortality occurs between days 8 and 18 post AI, which is the critical period in
the establishment of the embryo-maternal relationship, so this subject is
discussed with more details.