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EL CONCEPTO DE AGROSISTEMA, NUEVO RETO PARA LA ENSEÑANZA DE LA PRODUCCION PECUARIA.

Luis Jair Gómez G., Profesor Titular Facultad de Ciencias Humanas, Departamento de Economía.  Universidad Nacional, Sede Medellín. 

1.  LA HERENCIA DE LA REVOLUCION VERDE: 

La formación bajo los postulados de la revolución verde instauró entre los profesionales agrarios el culto a la religión de la alta tecnología y generalizó la consideración de que el deber ser del ejercicio profesional es la adopción de la última técnica.  Dos consideraciones sustentan esta posición.  En primer lugar, el prestigio profesional, sueño común a todo egresado universitario imbuido de su profesión; y en segundo lugar, la garantía del éxito, en tanto la economía industrial postula que las técnicas nuevas, por más eficientes, desplazan a las anteriores.

Subyace a estas apreciaciones la concepción neoliberal de la economía, que postula que en la arena del mercado los más eficientes logran una mejor posición, haciéndose así necesario echar mano de recetas como las de  “reconversión”,  “reingeniería”, “calidad total”, etc., que se pueden aprender en textos sobre el tema, muy abundantes por cierto; en seminarios, uno de los más vigorosos componentes del creciente mercado de servicios; o en cursos de verano, no menos abundantes. 

Hay algo más.  Esta filosofía ha ganado tal prestigio; por supuesto alimentada por los sacerdotes del neoliberalismo; que, para muchos se constituyó en el punto de referencia para calificar al profesor.  Aquel que esté al tanto de estos adelantos conocidos como tecnología de punta, y los entregue como novedad a sus alumnos, merece ser colocado entre los primeros en una escala jerárquica de calidad pedagógica.  Bien podemos apropiarnos para la producción pecuaria en general, de lo que Lerner escribía a propósito del Mejoramiento Genético Animal, dos décadas atrás:  “La historia de las técnicas del mejoramiento animal es la historia de las soluciones últimas para la optimización de los avances genéticos que han colapsado con cada nuevo descubrimiento científico relevante y cada prueba empírica a gran escala, así que son remplazados por unos aún más últimos con cada nueva generación de científicos[1].

No puede desconocerse que es ésta la forma en que se ha movido la producción mecánica desde la llamada  “revolución industrial” del siglo XVIII, y hay que reconocer además que se han obtenido grandes logros en la perspectiva de la economía y de la físico-química, cuando se mira, la primera, por el aumento en la capacidad de  “reproducción ampliada del capital”, como esencia de la economía; y la segunda, por el tamaño del arsenal en tecnologías mecánicas generadas como expresión del adelanto de la ciencia en la identificación de leyes físicas y químicas.

Sin embargo, simultáneamente con esos logros, innegables seguramente, la humanidad viene asistiendo a la aparición de un deterioro progresivo del medio ambiente, con  manifestaciones en desajustes sociales y económicos que se expresan en luchas persistentes tanto a nivel regional como internacional; pero además enfrentamos, como observadores asombrados e impotentes, graves e inesperados desastres, que sólo dejan muerte, insalubridad y destrucción, que están exigiendo una revisión profunda de nuestra posición frente a la naturaleza.

II.  CAPITALISMO Y PRODUCCION PECUARIA:

Antes del siglo XVII, período en que aparecen por primera vez en la historia agraria mundial los cultivos de pastos que empiezan a lograr el retroceso del barbecho en las agriculturas europeas, surge también el ganado como mercancía independiente de la producción agronómica.  Se trata en realidad no de un surgimiento  súbito, sino más bien del inicio de un proceso de consolidación que tomará, cuando más, dos siglos en hacerse imposible de ignorar.  Hacemos referencia a un conjunto de fenómenos económicos que transforman, de una vez por todas, la economía feudal en economía capitalista y que involucra al menos tres elementos interdependientes:  la tierra, el cultivo forrajero y el animal.  Primero la apropiación del suelo como propiedad privada y su incorporación a la categoría de mercancía en tanto florece un vigoroso mercado del suelo; en segundo lugar el animal empieza a desprenderse de su milenaria atadura al cultivo y se establece como objeto directo de explotación, distinguible de su papel subsidiario del cultivo; y en tercer lugar el barbecho cede el espacio al cultivo del forraje.

Un fenómeno eminentemente económico, pero apoyado en los criterios de forma y función de la Historia Natural, consolidaría en su integridad a la ganadería como una línea perfectamente identificable dentro de la explotación agraria capitalista:  la categoría de la raza pura.  De ahí en adelante la empresa pecuaria será la fuente de cuatro mercancías diferentes para el mercado capitalista:  a) el ejemplar como reproductor de una potencialidad productiva que se califica a partir de su morfología; b) el animal como fuente de alimento  (carne, leche, huevos y grasa); c) el animal como fuente de materia prima para el vestido  (pelo, piel, plumas y lana); y d) el animal como fuente de fuerza biológica para el trabajo  (cabalgadura, carga y arrastre).

De esta manera la producción pecuaria hizo parte de la  “revolución agrícola” del siglo XVIII; pero además hizo también parte de la  “revolución industrial” de dos maneras muy importantes:  como fuente de materia prima para la industria; recuérdese que el capitalismo floreció a partir de los textiles de lana, antes que de algodón; pero además como fuente de fuerza biológica para mover buena parte del aparato mecánico de la naciente industria, en la llamada por Mumford[2]  “fase eotécnica” que  “se caracterizó sobre todo por un continuo incremento de la energía efectiva del caballo”.

Pero no para ahí el aporte revolucionario de la producción pecuaria dentro del desarrollo agrario del capitalismo.  Su presencia en la segunda gran revolución agraria de este sistema económico, la muy reciente  “revolución verde”, fue también muy activa,

La aparición a principios del siglo de la genética de poblaciones como campo científico con identidad propia dentro de la Biología, hizo posible desarrollar una expresión aplicada que tomó el nombre de mejoramiento genético.  Esta tecnología, aplicada a los animales generó el  “ejemplar productivista”, mediante la intervención en el genoma, para obtener una mayor productividad por unidad de tiempo y de ser vivo, lo que en efecto, constituye el logro esencial de la revolución verde.

III.  ALTERACION DE LA CADENA ALIMENTICIA:

Es conocido desde Lavoisier, a fines del siglo XVIII, un enunciado universal del ciclo general de la materia orgánica, pero sólo fue hasta 1926 que Elton se plantea con propiedad un  “ciclo trófico”, que la ecología acoge como elemento central de su objeto de trabajo.

Las cuantificaciones conocidas desde este autor, muestran que entre más corta la cadena alimenticia mejor aprovechabilidad del flujo de energía biológica.  En este sentido el hombre como omnívoro puede, y debe en efecto, aprovechar directamente los cereales, como fuente más destacada de energía biológica generada por los autotrofos, y hacer un uso indirecto de forrajes no utilizables por él, a través de los herbívoros.  Sin embargo la Economía Política ha distorsionado completamente este cuadro, para privilegiar los intereses económicos en disfavor de la eficiencia biológica, sin importar, la inequidad social.  En un texto anterior[3] he llamado a este fenómeno el principio de Yotopoulos, por cuanto fue este economista quien lo formuló, y reza así:  “Cuando el ingreso supera un cierto valor umbral se consumen cereales también indirectamente, es decir, como pienso transformado en proteína animal[4].

Lo que esto significa, es que, respondiendo a las posibilidades del mercado, los cereales se le suministran a los animales, particularmente a los rumiantes, excelentes consumidores de forrajes toscos, en lugar de dedicarlo para la alimentación humana, dada la demanda de productos de origen animal  (carne y leche)  en los países con altos ingresos percapita, y en consecuencia con una alta capacidad adquisitiva de su población.  Unas pocas cifras ilustran suficientemente el cuadro:  según cálculos de la FAO[5], entre 1977-79 la cantidad anual de grano consumida como pienso alcanzó la cifra de 546 millones de toneladas que equivalía al 34% de la producción mundial de grano.  Pero en forma todavía más aberrante, en 1979 la C.E.E. utilizó como pienso el equivalente de 2,5 millones de toneladas de leche en polvo desnatada, y en 1980, 1,8 millones.  Al sustraer esta cantidad del mercado internacional de leche lograron aumentar su precio, lo que era el propósito, en el orden de US$650 por tonelada.  Naturalmente las cuentas de la economía no contabilizan los humanos, niños y adultos, que durante el mismo período murieron de hambre.  Acaso no vivimos en el país, un problema similar?.  En términos del ciclo alimenticio esto significa aumentar en un eslabón más la cadena nutricional y desperdiciar en más del 80% el potencial energético de los cereales, y aún peor, del potencial proteico de la leche.

Pero lo que hace más particularmente grave esta forma de entender la producción pecuaria es, la falsa idea de la universalidad de las técnicas; reforzada por las políticas generadas por la economía dominante, que viene sosteniendo desde la década de los 60’s, que la única forma de acceder al desarrollo, -entendido por supuesto como crecimiento económico-, es mediante la vinculación de los procesos agrarios al aparato industrial, es decir, adoptando la revolución verde en su integridad[6].

Esta manera de abordar la producción agraria se apoya en una falacia derivada del pensamiento mecanicista, tan exitoso en los procesos mecánicos sobre los cuales se apoya la industria; se considera que la técnica es neutra tanto social, como económica, cultural y ecológicamente; lo cual es absolutamente falso y aún más, inaplicable en la producción con seres vivos, en tanto éstos no operan  al margen de su entorno.  La vida no es un proceso que se de en el ser vivo en si mismo, sino que es un intercambio permanente entre éste y el medio y dentro de cada nicho en particular.

IV.  LA ISOGENIZACION Y SUS CONSECUENCIAS EN LA PRODUCCION AGRARIA.

La mayor productividad por unidad de tiempo y de ser vivo, llave maestra de la revolución verde, está apoyada en cinco características:

1. Monocultivo, que se opone a la biodiversidad..

2. Mecanización, que separa al hombre del proceso biológico de la producción.

3. Isogenización, que se opone a la homeostasis genética.

4. Agroquímica, que altera la función de reciclaje.

5. Gentecnología, que altera artificialmente el genoma.

En la producción pecuaria, el proceso de isogenización de poblaciones animales a gran escala, mediante la aplicación de la tecnología del mejoramiento genético ha creado graves problemas a la producción pecuaria tanto en la perspectiva de la sostenibilidad ecológica en sí, como en la de equidad social.

La FAO, en efecto, se ha propuesto desarrollar desde hace algún tiempo, programas de recuperación de material genético de especies y variedades nativas de animales domésticos, puestos en peligro de desaparición por la extensión a escala de líneas mejoradas.

En el lado de los subsidios energéticos exigidos por la perdida de capacidad adaptativa de los animales mejorados a las condiciones cambiantes del medioambiente no controlado, se ha disminuido dramáticamente la eficiencia biológica y se han elevado los costos de producción, en aras de vincular la producción pecuaria al aparato industrial como el deber ser de la Zootecnia.

Pero no se trata de subsidios energéticos sólo en el terreno de los equipos e instalaciones para uniformizar el ambiente físico en el cual se explotan los animales en confinamiento; se trata además del uso indiscriminado y masivo de promotores del crecimiento, anabólicos, antibióticos, pesticidas, etc., con efectos impredecibles en el usuario final y en el entorno de los sitios de explotación.

Por supuesto un análisis pormenorizado de la problemática ecológica que genera este tipo de explotaciones propias de la revolución verde, sería interminable y además podría caer en el terreno de la descripción apocalíptica, por lo demás sin echar mano de la exageración; pero ese no es el propósito; se trata más bien de señalar, por lo menos en parte, las razones que me asisten para replantear la urgencia de revisar la enseñanza de la producción pecuaria, en la cual el predominio de un modelo productivista ha conducido al desarrollo de cursos apoyados en conceptos puramente tecnologistas que ignoran una realidad más biológica y heterogénea que la que es posible ver desde esa posición intelectual.

V.  LAS NUEVAS ORIENTACIONES:

Después de algo más de cuatro décadas de producción pecuaria con modelos industriales, nos hemos encontrado con que esta modalidad presenta graves inconveniencias; pero además que la enseñanza de las profesiones pecuarias está reflejando tales desajustes.  En el lado de la Zootecnia se han encontrado limitaciones importantes en la aplicabilidad de esta forma de producción bajo las condiciones propias del país, tanto en lo económico como en lo ecológico, y aún en lo cultural; pero además el profesional de la producción pecuaria encuentra que a pesar de que su formación curricular resalta este modelo y el grueso de su formación se ha diseñado para este propósito, la realidad que encara en la práctica social de su profesión es bien diferente y lo que enfrenta es una heterogeneidad de sistemas de producción que prueban su validez a través de su vigencia por años.  Le quedan así dos opciones:  o revisa sus conocimientos de facultad; o intenta cambiar la heterogeneidad real por la homogeneidad teórica.

En este punto donde hay que analizar la validez y necesidad de revisar el plan de estudios en su aspecto conceptual, que debe, naturalmente, traducirse en su contenido curricular.  El punto central a mi entender, es la interiorización del modelo sistémico como aproximación al estudio de la producción pecuaria.

En esta perspectiva es necesario apoyar la elaboración del plan de estudios a partir de tres concepciones fundacionales:  el concepto de sistema complejo; el concepto de agrosistema; y la de la articulación del animal productivo al agrosistema.

A partir de esta base conceptual se debe articular un plan de estudios que delimite inequívocamente la columna vertebral de la formación profesional e identifique el conjunto de cursos que, por la concepción de su contenido antes que por su nombre, den solidez a esa columna y se fortalezca con los otros elementos técnico-científicos necesarios para apoyar el campo central de trabajo.  Esto conducirá a darle identidad propia a la Zootecnia y a adecuarla a las realidades agrarias del país.

Puntualmente, debe llegarse a la modificación en la forma de aproximación a algunos campos concretos del conocimiento, que podrían ejemplificarse sumariamente así:

·      Anatomía en la perspectiva de la funcionalidad productiva y no de la morfología como regularmente se viene haciendo.

·      Fisiología en la perspectiva del ser vivo como sistema abierto y no como referencia. fisiopatológica.

·      Bioquímica y Nutrición como bases para entender los flujos de energía y el reciclaje de materia propios de la condición de seres vivos y no como aspectos descriptivos intrínsecos a la química del carbono, el oxígeno, el nitrógeno, el hidrógeno, el azufre y el fósforo -para mencionar los más sobresalientes-, o del metabolismo de raciones balanceadas.

·      Mejoramiento genético desde la perspectiva de la homeostasis del genoma poblacional y no de los cálculos estadísticos de la genética de poblaciones.

·      Producción como expresión aplicada a una realidad heterogénea que tiene su propia racionalidad, de los contenidos de unos cursos básicos que operan como elementos de un sistema.

·      Etica de la producción en la perspectiva del ecodesarrollo.

Para finalizar debo señalar que la intención con esta ponencia, va más allá de dejar unos criterios establecidos, discutibles en cualquier caso; se trata es de intentar crear una conciencia sobre nuestro papel en la formación de las juventudes que les tocará vivir en un mundo diferente, en el cual sus posibilidades dependerán de nuestra posición actual frente a la naturaleza, lo que nos debe llamar a reflexión sobre los modelos dominantes de trabajo. que muchos se empecinan en mantener, anclados en un pasado reciente que empieza a desmoronarse a sus pies, mientras su mirada se engolosina con el paso, por la bóveda celeste, de los satélites artificiales que ahora polucionan el firmamento.

[1]M. Lerner. Heterosis and the future of animal improvement.  Perspectives in biology and medicine.  1973.

[2]L. Mumford.  Técnica y civilización.  Trad. por C. Aznar de Acevedo.  Alianza editorial. Madrid. 1982. p. 131.

[3]L.J. Gómez Producción pecuaria.  (Elementos bioecológicos, históricos y económicos), Fac. de Ciencias Humanas. U. Nal. Sede de Medellín.  1993. p. 182.

[4]P.A. Yotopoulus.  La competencia por los cereales:  La conexión alimentos-forrajes.  CERES, No. 101. l984. p. 22.

[5]F.A.O.  Situación y perspectivas.  1979-1980.  Roma. 1980.

[6]B.F. Johnston y P. Kilby.  Agricultura y transformación estructural. Trad, por E.L. Suárez.  Fondo de Cultura Económica.  México.  l980.

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